sábado, mayo 9, 2026
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Cuando los monstruos dicen la verdad: Guillermo del Toro en los Óscar 2026

La noche de los Premios Óscar tiene esa extraña capacidad de recordarnos que el cine, a veces, es más grande que cualquier premio. Y la edición número 98, celebrada el 15 de marzo de 2026 en el Dolby Theatre de Los Ángeles, no fue la excepción.

Diez películas compitieron por el reconocimiento más importante de la industria. Hubo discursos emotivos, agradecimientos apresurados y estatuillas que confirmaron lo que la temporada de premios ya anticipaba. Sin embargo, entre cada categoría y cada aplauso, un nombre apareció con una insistencia que difícilmente puede considerarse casualidad: Guillermo del Toro.

El director mexicano no llegó con la película más nominada de la noche. Ese lugar lo ocupó Sinners, de Ryan Coogler, con 16 menciones. Tampoco fue la producción que terminó acumulando más premios. Su versión de Frankenstein tuvo una presencia distinta: discreta, pero firme, con nominaciones en categorías como vestuario, maquillaje, diseño de producción, cinematografía, guion adaptado y actor de reparto.

No fue la noche de Frankenstein. Pero, de muchas maneras, sí fue la noche de del Toro.

Cuando el artista de maquillaje Mike Hill subió al escenario para recibir el premio a mejor maquillaje y estilismo por ese filme, sus palabras resonaron más allá del protocolo: “Lo lograste, amigo. Trajiste de regreso a nuestro amado Frankenstein… gracias por permitirnos ayudar a hacer de tu proyecto soñado nuestro proyecto soñado”.

Aquella frase reveló algo más profundo que un agradecimiento habitual. Fue el reconocimiento a un creador que lleva décadas defendiendo la idea de que la fantasía también puede ser literatura, que los monstruos pueden ser espejo y que el cine de género merece ser tomado con la misma seriedad que cualquier drama histórico.

La obra de del Toro ha insistido siempre en lo mismo: aquello que la sociedad rechaza, aquello que incomoda o asusta, tiene algo importante que decirnos.

En una ceremonia donde muchas de las historias premiadas abordaron la violencia sistémica, las crisis sociales o las heridas raciales, la elección de del Toro resultó casi contracultural. Mientras otros relatos enfrentaban la realidad de forma directa, él volvió a los monstruos clásicos.

Y no por nostalgia.

Porque Frankenstein’s Monster nunca ha sido solo una criatura de terror. Es la historia de un ser que nació distinto y pagó el precio de esa diferencia. Del Toro lo entiende mejor que nadie. Por eso sus criaturas rara vez asustan: más bien duelen.

El mapa de nominaciones de esta edición también fue un retrato del momento cultural. One Battle After Another, dirigida por Paul Thomas Anderson, dominó la ceremonia con premios a mejor película, mejor dirección y mejor guion adaptado, además del reconocimiento como actor de reparto para Sean Penn.

Sinners también tuvo una noche destacada, llevándose el guion original y el Óscar a mejor actor para Michael B. Jordan.

El cine de esta temporada no buscó consolar al espectador. Lo confrontó. Le hizo preguntas incómodas. Pero en medio de ese panorama intenso, del Toro eligió un camino mucho más antiguo: la fábula.

Quizá por eso su cine incomoda de otra forma, más silenciosa. Frankenstein no grita la crisis del mundo; la susurra a través de una criatura que solo quería ser aceptada.

Y en ese susurro hay una verdad que a veces el realismo más brutal no logra transmitir.

También hay algo que vale la pena subrayar: la gratitud que Guillermo del Toro despierta entre quienes trabajan con él. No es la admiración hacia un líder que impone su visión, sino hacia alguien que invita a otros a soñar con la suya.

Eso se nota en frases como la de Mike Hill cuando habló de “nuestro proyecto soñado”. Porque el cine de del Toro, más que una obra individual, parece una comunidad de artistas que comparten la misma convicción: que lo fantástico puede ser profundamente verdadero.

Al final, la edición 98 de los Premios Óscar nos dejó una pregunta inevitable: ¿qué historias necesitamos contar para entendernos mejor?

Algunas hablaron de crisis sociales. Otras de dolor histórico. Otras de la fragilidad humana.

Y una, silenciosamente, nos recordó algo que el cine de monstruos lleva más de dos siglos diciendo:

Los monstruos no son los otros.
Somos nosotros, buscando desesperadamente que alguien nos entienda.

Gracias, Guillermo. Por seguir creyendo en eso. 🎬

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