Ángel R. Cabada, Ver.– Hay políticos que trabajan en las soluciones y otros, como Yazmín Copete Zapot, que poseen un olfato casi instintivo para detectar dónde hay conflicto, micrófonos y reflectores que rapiñar, sobre todo para hacer un poquito de ruido y volver a figurar en la palestra política donde su figura ya esta devaluada.
Su imprevista aparición en la protesta agraria de El Mesón no deja lugar a dudas: no acudió por compromiso social, sino por desesperación mediática.
Este lunes 12 de octubre, desesperados por un añejo litigio de tenencia de la tierra, habitantes del ejido El Mesón bloquearon la carretera federal 180, y justo cuando la tensión aumentaba, la ex legisladora irrumpió en escena. La interrogante cae por su propio peso: ¿qué fue a hacer ahí? ¿A resolver un problema o a colgarse del reclamo ajeno para estirar su caduca vida política?
Yazmín Copete no es ninguna novata ni una figura ajena al poder. Ha sido regidora, alcaldesa de Santiago Tuxtla, diputada local y diputada federal, sin embargo su paso en cada puesto ha dejado un rastro de opacidad, oportunismo y polémica tal que ni en su pueblo la quieren, y en Cabada ya la conocen lo suficiente como para saber que lo suyo es puro argüende. Para colmo, ostentó la secretaría de la Comisión de Reforma Agraria en el Congreso de la Unión, donde gozó de presupuesto, fuero, acceso a instituciones y poder de decisión que le sobraron durante décadas pero que no aprovechó para beneficiar al pueblo, sino para acumular influencias y riqueza.
¿Qué hizo entonces por El Mesón cuando tuvo la sartén por el mango? La respuesta es simple, absolutamente nada.
Resulta patéticamente cómodo aparecer hoy a posar junto al fuego cuando el conflicto ya ardió, mientras que en sus años de bonanza burocrática prefirió la omisión. Lo verdaderamente complejo es trabajar cuando se tiene el cargo; lo rastrero es usar la desgracia campesina como templete cuando se ha perdido todo.
Porque la memoria política no borra los hechos, ni siquiera el contundente rechazo ciudadano en las urnas, traducido en dos derrotas electorales al hilo, ha logrado apagar sus ambiciones.
Copete insiste en orbitar la vida pública regional como si el electorado le debiera algo, ignorando que los votos son el verdadero termómetro de la legitimidad.
Si le queda algo de pudor político, porque se nota que la dignidad no la conoce, debería concentrarse en Santiago Tuxtla, donde dejó un tendal de cuentas pendientes y ciudadanos defraudados, en lugar de andar de «apaga-fuegos» improvisada en municipios ajenos, porque una cosa es ejercer el derecho a la participación política y otra muy distinta pretender que la nostalgia por el hueso sustituya el respaldo popular que ya perdió en las urnas.
El conflicto de El Mesón exige soluciones jurídicas e institucionales serias, no la visita de figuras desgastadas en busca de un tanque de oxígeno mediático. Después de tantos años viviendo del erario, no basta con apersonarse donde hay un bloqueo y poner cara de indignación: hay que rendir cuentas de lo que se dejó de hacer.
Las urnas ya hablaron y le dieron la espalda. La única duda que queda es si Yazmín Copete padece de sordera política o si su ambición le impide aceptar que su tiempo ya pasó.



