Editorial Noticia y Media
En Santiago Tuxtla, los primeros 100 días de gobierno no comenzaron con grandes obras, sino con una decisión que marcaría el rumbo de toda una administración: poner orden.
Orden en lo visible… y en lo que no siempre se quiere ver.
Desde los primeros días, brigadas de limpieza salieron a las calles, camiones recolectores retomaron rutas y espacios públicos comenzaron a recuperar su imagen. No era solo mantenimiento urbano; era el primer mensaje de un gobierno que entendía que lo básico también transforma.
Pero pronto quedó claro que el orden no sería solo estético.
En la carretera federal 180, donde los baches se habían vuelto parte del paisaje y un riesgo constante, la administración decidió intervenir. Aunque no correspondía directamente al Ayuntamiento, la demanda ciudadana era evidente. La respuesta fue directa: atender el problema sin excusas. El bacheo marcó así una forma de gobernar: resolver antes que justificar.
Ese mismo enfoque se trasladó a uno de los temas más complejos del municipio: la vialidad.
Transportistas, taxistas y agrupaciones que durante años operaron sin acuerdos claros se sentaron, por primera vez, en una misma mesa. El resultado fue un consenso para reorganizar espacios públicos, reducir la congestión y mejorar la circulación. Más que un acuerdo, fue un precedente.
Mientras tanto, el gobierno también comenzó a ordenarse desde dentro.
La instalación del Cabildo, la asignación de comisiones y una decisión poco común —la reducción del 50% en los salarios de autoridades municipales— enviaron una señal clara: la disciplina administrativa debía comenzar desde casa. Todo esto en un contexto complejo, marcado por más de 133 millones de pesos bajo revisión por presuntas irregularidades de la administración anterior.
Aun así, la actividad en territorio no se detuvo.
A través del programa “El Ayuntamiento en tu localidad”, el gobierno salió de las oficinas para instalarse en las comunidades. En lugares como Tres Zapotes, Tlapacoyan y Boca del Monte, las demandas dejaron de ser trámites para convertirse en soluciones inmediatas: luminarias instaladas, ajustes en rutas de recolección y atención directa a necesidades urgentes.
La iluminación, de hecho, se convirtió en uno de los ejes más visibles. En apenas semanas, se puso en marcha un programa de instalación y reposición de 500 luminarias, acompañado de la adquisición de una grúa especializada, con el objetivo de transformar la seguridad y la imagen urbana en colonias y comunidades.
En paralelo, la seguridad se mantuvo como una prioridad constante.
La realización de la Mesa de Seguridad para la Construcción de la Paz y el fortalecimiento del equipo de Protección Civil, con la entrega de uniformes y herramientas, reflejaron una estrategia enfocada en la prevención, la atención y la presencia operativa.
Esa presencia se volvió clave en momentos críticos.
Durante el paso de un frente frío, la autoridad municipal recorrió zonas de riesgo, supervisó ríos y puentes, y coordinó acciones con instancias estatales y federales. En esos días, el gobierno no se vio desde lejos: se sintió en campo.
Pero el rumbo también miró hacia el futuro.
Las reuniones con autoridades estatales en materia agropecuaria abrieron nuevas posibilidades para fortalecer el campo, la ganadería y la pesca, sectores fundamentales para la economía local. A esto se sumó la apertura de escuelas municipales deportivas gratuitas, apostando por la niñez y la juventud como parte del tejido social.
La organización también alcanzó al comercio.
Mediante el diálogo con comerciantes, se lograron acuerdos para ordenar la ocupación de espacios públicos en fechas clave, como el 14 de febrero, priorizando la movilidad y el equilibrio entre actividad económica y orden urbano.
Y en medio de estas acciones, la coordinación institucional también se hizo presente.
La relación con el Gobierno del Estado, encabezado por Rocío Nahle García, permitió avanzar en proyectos estratégicos como la rehabilitación del camino Dos Caminos–Tres Zapotes, una obra con impacto directo en el desarrollo económico de la región.
A 100 días, no hay una obra monumental que defina el inicio de esta administración.
Hay algo distinto.
Una narrativa basada en decisiones: limpiar, ordenar, reorganizar, atender, estar presente.
Porque en Santiago Tuxtla, el gobierno de Noé Domínguez Cadena parece haber entendido que antes de transformar un municipio… hay que ponerlo en orden.
Y en política, ese primer paso suele ser el más difícil.



